Un camino que comenzó en el colegio y nos llevó hasta Roma
El pasado jueves 12 de febrero, durante el viaje cultural a Roma, los alumnos de 2º de Bachillerato vivimos uno de los momentos más especiales y significativos de nuestra estancia en la Ciudad Eterna al visitar la Casa General de las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna.
Las 10 hermanas que allí viven nos recibieron de manera muy entrañable. En sus palabras en el oratorio resonó la idea de camino: el que comenzó hace años en las aulas de nuestro colegio y que, casi de manera providencial (y como una grata sorpresa de parte de las profesoras que nos acompañaban), les llevó ese día hasta Roma. Fue un encuentro sencillo, cercano y lleno de sentido, en el pudimos redescubrir la figura de Santa Joaquina de Vedruna (rozando la fecha de la celebración del Bicentenario de la Congregación, y que estamos viviendo con mucho cariño en el colegio) y comprender que su legado no es solo historia, sino vida que sigue latiendo en nuestra comunidad educativa.
Uno de los momentos más impactantes fue la posibilidad de contemplar la reliquia del cerebro de Santa Joaquina, custodiada allí como testimonio de una mente y un corazón entregados por completo a la educación y al cuidado de los más necesitados. Nuestro silencio, en ese momento, hablaba por sí solo.
Después de una breve visita por la casa, las hermanas nos obsequiaron con un sencillo desayuno compartido y un diálogo cercano y espontáneo con todos y cada uno de nosotros. Para muchos, además, era la primera vez que coincidíamos de manera tan directa con religiosas vinculadas a nuestro colegio, lo que hizo la experiencia aún más sorprendente y significativa.
Fue, sin duda, un momento de esos que no aparecen en los programas de viaje, pero que permanecen en la memoria y en el corazón: un recordatorio de que formar parte de la familia Vedruna es pertenecer a una historia más grande, que comenzó hace casi dos siglos y sigue escribiéndose en cada uno de los que formamos parte de ella. Tal vez, sin saberlo del todo, también fue una invitación a mirar el futuro con la misma fe, la misma entrega y el mismo deseo de servicio que inspiraron la vida de Santa Joaquina.




