ENCUENTRO INTERNACIONAL DE JÓVENES VEDRUNA EN VIC

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Volver a Vic ha sido mucho más que regresar al lugar donde nació la Congregación. Ha sido volver al origen para descubrir que el sueño de santa Joaquina sigue latiendo con fuerza en el corazón de tantos jóvenes que, desde culturas, idiomas y realidades muy diferentes, comparten una misma intuición: Dios continúa llamando y enviando hoy.

Durante estos días, cada encuentro, cada conversación, cada oración compartida y cada celebración fueron tejiendo una experiencia de auténtica familia. Las diferencias dejaron de ser distancia para convertirse en riqueza. Poco a poco, los rostros se hicieron hermanos y hermanas, y la sensación de pertenecer a una misma familia carismática fue creciendo hasta convertirse en una de las mayores gracias del encuentro.

Uno de los momentos que más hondamente marcó a los participantes fue la experiencia del buen Jesús. Ante Él, en el silencio y la contemplación, cada joven pudo dejarse mirar por esa mirada que transforma, sana y envía. No fue simplemente un momento de oración, sino una experiencia profundamente personal de encuentro con Jesús a lo largo de los días, que permitió releer la propia vida desde el amor incondicional de Dios. Allí, frente al buen Jesús, muchos descubrieron que la misión no nace del esfuerzo, sino de saberse profundamente amados; que antes de hacer, estamos llamados a permanecer; que el Evangelio solo puede anunciarse desde un corazón que primero ha sido alcanzado por la misericordia.

Esa experiencia recordó también la vivencia de santa Joaquina, para quien el buen Jesús era el centro de toda su existencia. Contemplar su vida desde esa misma mirada ayudó a comprender que el carisma Vedruna no consiste únicamente en continuar una obra iniciada hace dos siglos, sino en seguir dejándose enamorar por Jesús para hacer presente su ternura allí donde la vida más lo necesita. El Bicentenario ha querido ser precisamente eso: una invitación a volver a la fuente para descubrir que el agua sigue brotando con la misma fuerza, y que podemos levantar las piedras para descubrirla en abundancia.

A lo largo de la semana, los jóvenes recorrieron los lugares que hablan de la historia de Joaquina -Manso, Divina Pastora, Arzobispado, Iglesia del Pi, etc.-, escucharon testimonios, compartieron la vida, celebraron la Eucaristía, cantaron, rieron y también se dejaron interpelar por las preguntas que nacían en el corazón. Pero, más allá de las actividades, lo verdaderamente importante fue lo que cada uno se llevaba por dentro: la certeza de que Dios sigue reuniendo personas muy distintas para hacerlas caminar juntas y la convicción de que el carisma Vedruna continúa siendo una respuesta llena de actualidad para nuestro mundo.

Al despedirse, nadie sentía que terminaba un encuentro. Más bien comenzaba un nuevo envío. Cada joven regresó a su país llevando consigo los nombres, las historias y los abrazos de quienes ya forman parte de su propia vida. Regresó con la alegría de haber descubierto que la Familia Vedruna es mucho más grande de lo que imaginaba y con el deseo de seguir haciendo realidad, allí donde vive, ese amor generoso que inspiró a santa Joaquina hace doscientos años y que hoy sigue encontrando corazones dispuestos a hacerlo vida.

Porque, al final, eso fue Vic: un lugar donde volver a las raíces para comprender que el carisma no pertenece al pasado, sino que sigue naciendo cada vez que un joven se encuentra con el buen Jesús y decide caminar tras sus huellas, al estilo sencillo, valiente y profundamente humano de Joaquina de Vedruna.

Ellos mismos nos lo cuentan en los testimonios:

Participar en el Encuentro Internacional de Jóvenes Vedruna ha sido una experiencia inolvidable. Ha sido una convivencia en la que no solo he podido conocer a gente de otras ciudades y países compartiendo un mismo sentimiento, sino que he podido conocer los orígenes de Santa Joaquina, donde nació, donde profesó sus votos, la iglesia en la que bautizó a algunos de sus hijos, el amor y cuidado que depositó en la vocación de su vida y como sigue siendo testimonio vivo en las Hermanas y en toda la gran familia que formamos.

Alba (Madrid)

 Cuando llegué a este encuentro no sabía mucho que esperar. Estaba emocionada e ilusionada pero no imaginaba como iba a ser la experiencia. Personalmente ha sido una semana de muchas emociones variadas...

Clara (Valladolid)

Volver de este encuentro Vedruna es como regresar con la certeza de que la familia es muchísimo más grande de lo que imaginaba. Llegué sin saber muy bien qué me iba a encontrar y me voy con el corazón completamente desbordado.

Erik (Vitoria)

Si tuviera que definir con una sola palabra lo que ha supuesto para mí el encuentro de Vic, esa palabra sería descubrimiento.

Antes de vivir esta experiencia conocía muy poco sobre el origen y la historia de este proyecto. Poder acercarme a sus raíces y comprender de dónde nace todo me ha permitido valorar aún más el enorme trabajo, la entrega y la pasión de tantas personas que, desde distintos lugares del mundo, dedican su vida a acompañar y ayudar a quienes más lo necesitan.

Alicia (San Fernando)

¿Qué significó para mí el encuentro de Vic? Significó sanar, llegar rota, perdida, con la mente llena de nubes y negándome a escuchar; y volver recompuesta, encontrada, despejada, dispuesta a escuchar.  Significó gratitud, a todas esas personas que hacen posible estos encuentros. 

Significó descubrir a personas maravillosas con las que compartimos apellido: VEDRUNA.

Inma (Cartagena)

200 años hacen que la aventura de Joaquina comenzó, y esta vez hemos podido conocer desde dentro cómo lo hizo. 

Siempre desde pequeños en el colegio nos contaban su historia, leíamos cuentos, pero nunca habíamos pisado, estado, recorrido, sentido y vivido todo lo que ella hizo. Después de esta experiencia en Vic, un pedacito de mi corazón se queda allí, con Santa Joaquina, en su hogar.

Cris (Villafranca de los Barros)

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