Me llamo Nerea Barron Irigoyen, vivo en Bilbao y tengo 20 años. Hace dos comencé a estudiar la carrera de Trabajo Social, con la que estoy muy contenta.

Pero antes de llegar a la universidad me formé como persona y ciudadana en el Colegio Nuestra Señora del Carmen de Bilbao, que durante 15 años fue mi segundo hogar. Allí no sólo completé mis estudios básicos, también conocí la bonita manera de participar, permanecer y construir el mundo desde el punto de vista de la familia Vedruna. Allí, conocí a Ana Unzurrunzaga.

Gracias a haber acudido a un colegio invadido por el espíritu Vedruna conozco el mensaje de Jesús, y con ello lo importante que es amar, respetar y ayudar al prójimo. Dentro de esta aparente idea sencilla están los valores esenciales por los que rijo mi vida y junto a mi familia son las Vedruna quienes me han ayudado a que lo sean.

Luchadoras y sonrientes, nunca han dejado de enseñarme las hermanas Vedruna, por ello estoy muy agradecida. Y es que al terminar el colegio sigo en contacto con lo Vedruna. Estos dos últimos veranos he participado en cuerpo y alma en dos campos de trabajo distintos, pero ambos promovidos por ellas: en Villaverde Alto (Madrid) y en Descargamaría (Cáceres) con la comunidad de Badajoz. En estas experiencias he conocido también a Dolors García, y Nieves Aguadero…

Admiro y valoro la dedicación y la profesionalidad de las Vedruna; la forma en que predican el mensaje de Jesús, la manera de amar a Dios, el modo de exprimir los días convirtiéndolos en aprendizajes y enseñanzas. Son capaces de emocionarme y de hacerme sentir parte de ellas, de la familia que forma todo lo Vedruna. Las admiro y las quiero, eso es lo que definitivamente me engancha.

Para vivir con sinceridad en la vida cotidiana todo lo aprendido, creo que es imprescindible auto-reafirmarse constantemente sobre lo que sentimos frente a Dios, para ello hace falta conversar, alimentando la fe, con quien sabemos que nos va a hacer reflexionar, como lo son las hermanas Vedruna, por ejemplo.

En mi experiencia con las hermanas Vedruna he aprendido a no tener miedo de mi capacidad de sentir, y creo que esa es una de las claves para percibir a Dios, para estar cerca de Él…


Siento que mi experiencia de vida debo distribuirla en tres momentos:

1-    CAPACIDAD PARA DIAGNOSTICAR MOMENTOS

He aprendido a identificar cada sentimiento vivido, y también a no confundir situaciones y conflictos internos.

Intento diferenciar cada momento, y darle el valor que merece.

También soy consciente de que en el mundo hay muchas CRISIS, y no me refiero a económicas, me refiero a esas crisis que llevan existiendo siglos, y que merecen tanta o más atención que la que ha robado el nombre a las que ya existían, quedándose el diagnostico de “La Crisis” solo aquella que es financiera, la cual, por cierto, es fruto del propio sistema que se retroalimenta.

Todas estas crisis, en las que cuanto más vulnerable seas, mayor es tu situación de crisis, han de ser atendidas desde muchos puntos del mundo, la ayuda es NECESARIA, para que el sistema no acabe haciendo desaparecer el sector marginado de la sociedad mundial, las hermanas Vedruna, conscientes de esto, actúan.

2-    CAPACIDAD PARA PONER EN PRÁCTICA LO APRENDIDO

Considero que lo importante es tener en cuenta lo vivido con ellas hasta ahora y recordarlo cuando sea necesario.

No debo clasificar la experiencia, debo procesarla y utilizar lo aprendido, afianzando mis valores convirtiéndolos en actos diarios.

En mi caso creo que debo poner más en práctica la manera final de reflexionar, porque es cuando me he dado cuenta de que intentar ser positivo no es la solución si no creerte de verdad que esta vivencia te proporciona una enseñanza, por pequeña que sea.

3-    MANERA DE VIVIR LA ESPIRITUALIDAD

Esta es para mí la más importante, y la más personal.

Siempre he mantenido que cuando pasan cosas buenas debemos agradecérselas a alguien, si ha sido una persona concreta, debemos hacérselo saber; pero si ha sido una situación, o un conjunto de éstas debemos seguir agradecidos y agradeciendo.

Y creo también que no solo hay que agradecer si no meditar (ligándolo con lo dicho antes), rezar y cultivar el interior, para recuperar energías, y conseguir convencernos de nuestra capacidad.

Dios para mi es una inspiración. Además de una continua reflexión. Es a quien agradezco y por quien dedico mi tiempo a los demás. Es quien me regala a todo aquel que me encuentro en el camino, quien me da la oportunidad de aprender de las personas que me rodean.

 

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