Deseosa de trabajar por la gloria de Dios y el bien del prójimo

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En este testimonio personal que os voy a compartir no hay grandes momentos, ni conversiones repentinas como la de San Pablo. Pero, sí que hay una presencia continua, incansable y trabajadora del Espíritu que ha ido calando en mí para poder irme revelando la voluntad de Dios en mi vida.

Para quienes no me conozcáis tanto, soy de un pueblo de Badajoz, Castuera. Y tengo 25 años. Estoy ahora mismo a punto de hacer mi Primera Profesión Religiosa que será el 18 de febrero. Estudio Teología, y, anteriormente estudié Ingeniería Agrónoma.

Mi infancia y juventud fue sencilla y feliz, vengo de una familia católica practicante donde la figura de Dios ha sido siempre importante. Mi contacto con la Familia Vedruna más fuerte fue a partir de venir a vivir a Madrid, al Colegio Mayor Vedruna para empezar a estudiar la carrera. Digo contacto más fuerte porque yo tenía dos tías abuelas Carmelitas Vedruna y por ahí ya conocía la Familia y son merecedoras de que las nombre.

Comencé a vivir en Madrid, a estudiar la carrera y en aquella época no se me había pasado aún la posibilidad de que Dios me pidiera algo diferente a lo que estaba haciendo. Yo era feliz, lo que hacía me gustaba, pero con el paso del tiempo empecé a darme cuenta de que había algo más que me faltaba, no acababa de encontrar por qué yo no era feliz plenamente, había algo que no era capaz de ver. Tuve la suerte de que durante esta primera etapa en el Colegio Mayor pude realizarme en diferentes actividades muy variadas, una de ellas era el grupo de fe, yo no venía con ningún recorrido de grupos o de compartir la fe. Pero… hubo algo que me enganchó, el compartir la experiencia profunda de Dios y vida con otros jóvenes, el comenzar a hacerme preguntas, cuestionarme el sentido de la vida y sobre todo si estaba escuchando lo que realmente Dios quería decirme.

Por otro lado, paralelamente, la presencia de la Comunidad Vedruna que estaba en el Colegio Mayor, y alguna otra Carmelita Vedruna que iba conociendo, me interpelaba. ¿De dónde viene esa alegría profunda que sienten? ¿De dónde sale tanto amor que derrochan a los demás? ¿Cómo pueden ser tan disponibles a pesar de tener tanto trabajo? Y muchas otras preguntas que me cuestionaban con el testimonio de vida que cada una aportaba en lo cotidiano.

Esto hizo que Dios se fuera colando por ahí, el Espíritu que contaba al comenzar seguía haciendo de las suyas, poco a poco, sin obligarme a nada.

Recuerdo ciertas experiencias que sí que fueron puntos fuertes para mí: una canción concreta en la que sentía que Jesús me quería decir algo, un encuentro de jóvenes, algún voluntariado, un retiro… Fui dándome cuenta de que Dios me hablaba, de que Jesús me invitaba a seguirle de una manera diferente a lo que estaba en mi cabeza, que encontraba la felicidad en lo pequeño, en el hermano o hermana, en el servicio, en la oración. Fue un tiempo de mucha incertidumbre y miedo, en la que poco a poco, cuidando mucho la oración, el discernimiento y el acompañamiento personal, me hice consciente de que lo que realmente sentía era el inmenso Amor de Dios por mí y esto me movilizaba a responderle.

El reconocer que eso era lo que me pasaba, que Dios me llamaba por mi nombre y me invitaba a seguirle de una manera concreta, como esas Hermanas que antes describía. Hizo que sintiera una enorme libertad y alegría, una libertad que hacía que pudiera dar un paso más y nombrar que sentía que Dios me llamaba a la vida religiosa, a Consagrarme a Él y donde sentía que tenía que hacerlo era en la Familia Vedruna.

Tras todo ese camino, comencé el Mutuo Conocimiento, Pre-Noviciado y Noviciado. Etapas en las que gradualmente me han ido permitiendo hacerle mucho más hueco en mi vida a Dios, ir conociendo poco a poco la Vida Religiosa y la Familia Vedruna. Adquiriendo un compromiso mayor conforme iba pasando de etapa y sintiéndolo así de manera también escogida por mí, dándome cuenta de que estaba donde quería estar y que era y soy inmensamente feliz. Acompañada siempre de personas que se han hecho compañeras de camino y esenciales en la vida.

Esta última etapa, la del Noviciado, que es la que estoy terminando ahora mismo, han sido algo más de dos años que son un regalo. Porque este, ha sido un tiempo privilegiado para poder cuidar la relación con Dios de manera especial. La posibilidad de tener otros ritmos, prestar especial cuidado a la oración, la formación específica que he recibido… ha sido todo un regalo de Dios y de la Familia Vedruna.

Y todo esto me permite estar hoy aquí, resuelta y determinada a Consagrarme a Dios, “a permanecer en Su Amor”, fiel a su Palabra y siempre con los ojos fijos en el buen Jesús.

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