Días de Oración

Este verano algunos jóvenes compartieron unos días de silencion y oración en Haro. Dos de ellos han querido compartir con todos nosotros su experiencia. ¡Gracias!

Gonzalo

He venido a los Ejercicios porque me lo pidió un amigo y siempre me ha gustado el silencio, pero con una crisis de fe y un alejamiento de la Iglesia que me dura más de diez años.

Ahora sé que Dios ha puesto a mi amigo en mi camino para llamarme de nuevo, para aclarar ciertos temas e iluminarme en otros.

Puedo resumir estos días en dos llantos. Uno, el del primer día, nada más comenzar, en el que Dios me decía que me estaba esperando, aunque hubiese perdido mis ideales, que me ama tal como soy, y que quiere hacer la paz conmigo. En mi vida he llorado de esa manera. Hasta las lágrimas parecían salir de más adentro de mis ojos.

Las otras lágrimas han sido hoy, el penúltimo día. He llorado porque me duele ver sufrir a la gente que quiero y me niego a cargar con la cruz, al menos de manera voluntaria. No le encuentro sentido.

Y unas horas después, me encuentro tumbado junto a Jesús en el huerto de Getsemaní, que está como yo, asustado ante la cruz y pidiendo que si es posible, pase de Él ese cáliz. ¡Pero si hasta el Maestro lo ha vivido y ha llorado igual que yo!

Y por suerte, ahí tumbados, ha venido la respuesta: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Conclusión: No puedo vivir mi fe desde la razón. Y debo confiarme a Dios, y orar, y apoyarme en otros hermanos y hermanas que también oran.

¡Dios es generoso! Me ha dado mucho más de lo que venía buscando.

Yaiza

No sé si puedo resumir con exactitud (y con algo de acierto) la experiencia vivida estos días en Haro. Mis expectativas sobre el retiro se resumían en tres palabras: silencio, oración y deseo de Dios. Y eso es exactamente lo que me he encontrado.

En estos apenas cuatro días y medio, he vivido un curso concentrado de ejercicios espirituales ignacianos. Las charlas, dirigidas a presentar las claves para los distintos momentos de oración, nos han llevado desde la contemplación de un Padre-Madre Creador hasta el acompañamiento en la cruz y la vida de la Resurrección, pasando por la cuestión del llamamiento y la misión como discípulos.

He encontrado especialmente interesantes las charlas sobre el discernimiento, destinadas a explicar el objeto, los elementos, los pasos y, en definitiva, las características fundamentales de este proceso, que considero una valiosa orientación para tomar decisiones de cierta importancia.

Los ratos de oración personal me han aportado luz, paz y la presencia constante de Jesús.

También ha sido enriquecedor el momento de oración compartida al final de cada jornada y la posibilidad de contrastar impresiones durante los momentos de acompañamiento.

El silencio se hace difícil, sobre todo a medida que pasa el tiempo, pero he aprendido a convivir con él como con un compañero más de estos ejercicios.

Creo que esta experiencia me ha ofrecido una ocasión de encuentro personal con Jesús, y un impulso para continuar la búsqueda en mi vida cotidiana.

Start typing and press Enter to search